12 de agosto de 2010

ENTREVISTA A ADRIÁN SUAR

ENTREVISTA A ADRIÁN SUAR, QUE PROTAGONIZA `IGUALITA A MÍ`. `EN LA COMEDIA, NAVEGO BIEN`, AFIRMA. CUENTA LOS PLANES DE CANAL 13 PARA EL 2011/UNA CRÍTICA A LA PELÍCULA EN UN GRAN AÑO PARA EL TRECE Y EN LO PERSONAL, DICE QUE BANCA A TINELLI A MUERTE, ADELANTA EL FINAL DE "MALPARIDA" Y EXPLICA QUE SU ROL ES REGULAR LOS CONTENIDOS EN PANTALLA.

DESVENTURAS DE UN METROSEXUAL. ADRIÁN SUAR SE DESCUBRE DE GOLPE PADRE Y ABUELO EN ESTA COMEDIA CON LOS ELEMENTOS PARA SER UN ÉXITO.


Los modales de Adrián Suar podrían haberlo convertido también, además de en actor, productor, empresario y programador de un canal líder como El Trece, en un gran diplomático. De naturaleza conciliadora –más tantos años de análisis–, frena a tiempo antes de tener que lamentar daños.

“Soy un chico Clarín y estoy orgulloso de serlo”, dice, y motivos le sobran. Agradecido, reconoce: “A mí me enseñó mucho, me ayudó, me formó, le debo muchísimo”. Sin duda este 2010 es un gran año para él y en algún momento debe recordar sus orígenes en Villa Crespo, cuando se sienta en el sillón de programador o va a Pol-ka o viaja a España para ver su producción teatral Piaf, y ahora Los reyes de la risa.

De cara a su vida personal, sigue en pareja con Griselda Siciliani, por ahora sin planes de casamiento. “Es que ella tampoco quiere casarse, dormimos juntos sí, pero Griselda tiene su casa. Ahora, si el día de mañana tenemos un hijo, vamos a vivir juntos”, y reconoce que en los próximos dos años “tengo que ser papá otra vez.

Y si es una nena, me muero de felicidad”. En lo que hace a la actuación, estrena Igualita a mí con Florencia Bertotti y Claudia Fontán, donde se muestra como un gran comediante en una película a su medida. Y tampoco se puede quejar piloteando El Trece del Grupo Clarín cuando, si bien en julio perdió por una décima con Telefe, en el prime time sacó una ventaja de 7 puntos con Malparida, la ficción de Pol-ka, y con Marcelo Tinelli al frente de ShowMatch. Un tablero más que completo para millones de personas en este mundo.


—¿En qué te ayuda ser actor para ejercer como programador y productor? ¿Hay un plus?
—Me ayuda más como productor; como programador, menos. Es un oficio que fui aprendiendo, me llevó cinco años aprender a tomarle la dinámica, hay que estar muy atento, sobre todo para cuidar una pantalla tan prestigiosa como la de El Trece.

—¿Qué sentís cuando te critican tanto la pantalla por Ricardo Fort?
—Este es un canal con el que trato de tener diversidad. Dentro de ShowMatch podés tener un musical espectacular, una escenografía increíble y muchos personajes, entre ellos Ricardo Fort. Ahora, si se quedan con la foto fija de Fort habrá gente a la que no le gusta y otra que sí... Lo único que hago cuando me excedo es regularme, pero no meterme para adentro y que me salga una cosa fascista y decir “este va y este no”. A mis artistas les doy libertad, y mi artista es Marcelo. Fort está dentro de ese paraguas, y a Marcelo lo defiendo y lo banco a muerte. Hay cosas que veo en mi pantalla que me gustan muchísimo y, cuando no, nos juntamos en privado y lo regulamos.

—De hecho, todos los programas viven de “ShowMatch”.
—De eso ni hablar... En ningún lugar del mundo pasa que otros canales emitan 25 minutos de un programa, es una locura, ¡una locura!

—“Este es el show” te resolvió el rating de la tarde...
—Sí, me ayudó. El Trece encontró un “mix” exacto. Lo que decíamos: todos los canales vivían de Tinelli menos nosotros. Repito: no pasa en ningún lugar del mundo que el que genera el producto no lo tenga en su pantalla. Tampoco le encontraba la manera, porque lo de Intrusos no lo puedo hacer y tampoco lo de la Canosa. Rial y Canosa lo hacen muy bien. No podía hacer un programa donde se critique a las actores, y con Este es el show encontramos una suerte de comedia bizarra.

—¿Y eso en la pantalla de El Trece va bien?
—El Trece es diversidad. Conviven Ricardo Fort, Pachano, con Para vestir santos, y no tengo prejuicios ni juicios de valor.

—¿Cómo mirás todo desde el sillón?
—A mí me divierte muchísimo. Marcelo está en su mejor momento, sobre todo cuando entra en el juego de la comedia y se convierte en un comediante. Es un animador-comediante y en ese sentido está extraordinario.

—Tinelli tiene muchas horas de programación. ¿En qué porcentaje depende El Trece de él?
—En un alto porcentaje. Porque ayuda mucho en el día, la tarde, la noche.

—¿Y cómo ves vos el fenómeno Fort?
—Es un momento de la tele, hay que verlo en los próximos dos años. Fort es un fenómeno distinto al resto de los mediáticos. Tiene un apellido con historia entre los argentinos, Fort, los chocolatines Jack, y corre con ventaja respecto de los demás. No hay que enojarse ni pelearse con eso.

—En los años que llevás como gerente de programación, ¿en cuánto a favor y en contra cambiaste los contenidos de la televisión?
—Creo que desde el ‘96, ‘97 le imprimí a la televisión una dinámica diferente, instalé temáticas que no estaban, como el psicoanálisis. El costumbrismo también me lo adjudican a mí, pero no es mío: es de Alejandro Romay, de Migré; a lo mejor lo reformulé y ahora vendrá otro y le va a dar otra vuelta de tuerca. Soy lo que vi: Moser, Romay, todos los que estuvieron antes, y de ahí saqué mi propio modelo. También diría que le di otra importancia a la luz, la edición, la mezcla de elencos. A veces me sale y a veces no. A mí mismo me digo que el granito de arena ya lo aporté, ahora trato de relajarme y me permito equivocarme. Hasta ahí. Porque hoy estoy en primera y para estar en primera hay que tener el ojo de tigre.

—¿Extrañás a Villarruel del otro lado? Recuerdo los títulos de tus notas: “Gané la noche todo el año”...
—(Se ríe) Extraño decirle eso. Fueron muchos años de competencia, de rivalidad, de encontrarnos, algunas discusiones que hemos tenido... En el último tiempo tuve mejor relación con él. Lo recuerdo bien.

—¿Y a Marisa Badía cómo la evaluás?
—Es una persona que quiero muchísimo, una persona de bien. Me gustaría que el medio la cuide. No estoy para aconsejar nada. La conozco, la quiero, está haciendo bien las cosas. Hay que darle tiempo a que se arme.

La guerra y el arte de no salir lastimado. Hace años que su productora Pol-ka vendió un porcentaje al Grupo Clarín y desde entonces son socios. Confiesa que en las reuniones se divierte “porque son divertidas”, y asegura que se habla “de programación, de cosas del canal, de los números menos porque no es mi función, si bien estoy al tanto”. Con la dueña del Grupo, Ernestina Herrera de Noble, aparte de haberla visto “dos o tres veces”, nunca comió con ella, y respecto del ADN de Felipe y Marcela Noble, contesta: “Yo espero que la Justicia se expida”.

—¿Tenés presión por parte de Clarín para hacer las cosas de alguna manera en el canal?
—Nunca tuve presión del Grupo. Todo lo contrario: las cosas se hablan. De hecho, la vez que me fue mal durante un año y medio y presenté la renuncia se enojaron mucho conmigo. Se ofendieron porque no me iban a soltar la mano y me respaldaron. Diálogo hay todo el tiempo. Te lo juro por mi hijo (Tomás).

—¿Es un tema que Andrea del Boca, siendo figura del canal, esté cerca del Gobierno y vaya a los actos de la Presidenta?
—No. Ella es una chica grande. Acá hay pluralidad de criterios, no tengo nada que decirle; decide y hace lo que quiere. Yo la contraté para actuar y en el canal nunca nadie me dijo nada. De la puerta para afuera hace lo que le parece.

—¿Cómo lográs que no te roce la guerra Clarín-Gobierno?
—No sé, no tengo la menor idea. ¿Los programas de archivos? Ellos saben quién soy, nos conocemos, charlaron conmigo. Supongo que no me pegan porque deben tenerme cariño y respeto.

—¿No sentís que se ha perdido un poco la ética en la pelea?
—Se ha perdido la elegancia. Yo en ese sentido soy bastante político, que no significa que no muerda, pero si lo hago es en forma privada. En los vínculos soy conciliador, ese soy yo. Yo no sé cómo va a terminar esa pelea entre el Gobierno y Clarín, no lo sé.

—¿Te sentarías con la Presidenta a hablar de esto?
—No, soy productor, hago ficción. Tampoco me gusta la gente que se mete en lugares que no sabe. Nunca me voy a maquillar de algo que no soy. No me gusta la política. Puedo hablar de ficción, programación; ahí sí, soy fuerte. Después, soy un ciudadano que opina en una mesa.

—En 2006 me decías “me cae bien Kirchner, tenemos una letra de diferencia”. ¿Hoy sostenés lo mismo?
—Lo habré dicho en chiste (se ríe). Ese año me cayó bien, renovó la Corte, hubo cosas que me gustaron; incluso hay cosas del Gobierno que me caen bien, no estoy en la lista negro-blanco. Han pasado algunos años y ahora estoy más crítico como ciudadano. Es un Gobierno que me confunde mucho: por un lado dicen de pluralidad, de tener otras voces, y siento que en los actos es otro el accionar. Si hay otras voces, los ningunean o se ponen déspotas. No me cierra el audio con la imagen, lo que dicen con lo que hacen. Y creo que por la sanidad de la democracia en 2011 tienen que venir otros. Y después, que vuelvan si quieren.

—¿A quién ves para el 2011?
—No veo a nadie, pero tengo la sensación que quieren quedarse a perpetuidad y eso me asusta, se parece mucho a lo que ellos hablan. Dicen del monopolio, pero se quieren quedar 15, 18 años.

Televisión y economía de recursos. —Poca gente –te diría, muy pocos– habla mal de vos. Como que no dejaste heridos en tu camino. Uno de los pocos fue Gastón Pauls. Te recuerdo lo que contestaste en aquel momento: “No me gusta polemizar con él, yo esas cosas prefiero hablarlas en privado. No es de hombrecito decir las cosas por las revistas. Si hay un problema, se soluciona en otro lado, no en las revistas. Yo con él no tengo ningún problema; es más, me gustaría trabajar con él. No me gusta que se digan cosas para la “popu”. ¿No es feo? Me dicen que los exploto. Averigüen cuánto han ganado, cómo estaban antes de Pol-Ka, cómo se han ido... Soy muy generoso”.

—Me parece que exageré un poco. En su momento me dolió, lo hablé con él, tuvimos una charla en la que se dio cuenta de que se había equivocado conmigo.

—¿Y sobre lo que le pasa con su productora Rosstoc? (El viernes se supo que cerró).
—Me cuesta creer que hayan dado cheques sin fondo, hay que ver si es verdad todo lo que dicen los medios. Si es así, es grave. Yo creo que es una persona de bien, que va a pagar todo. Es más, le deseo lo mejor, que pueda pagar esa deuda.

—Hoy las figuras mediáticas ocupan muchas horas de pantalla que podrían ser de ficción. Ahora, ¿cúanto cuesta una hora de ficción?
—Muy caro... 180, 200 mil pesos. Lo económico es una pata enorme en la televisión argentina. Preguntale al resto de los canales. No es fácil hacerla en Argentina. Si no estás preparado, organizado, si no tenés respaldo, podés perder de la noche a la mañana 2 millones de pesos. Mirá lo que le pasó a Pauls. Por eso cuando hablan de ficción me hacen reír.

—¿No es para Pol-ka un paraguas dorado tener a Clarín atrás?
—Eso es una verdad, pero también cuando ves la producción de Pol-ka de los últimos 15 años, entendés. Acá no hay milagros. Es una asociación del éxito televisivo entre el Grupo Clarín y El Trece, porque si hubiera hecho seis fracasos seguidos, chau. La vida es así.

—Hablando de ficciones, ¿en qué te equivocaste con “Alguien que me quiera”?
—Me equivoqué en ir directamente a una novela costumbrista. Creo que la gente se quedó muy caliente con el culebrón de Valientes y le costó el cambio. También encontró el horario a las 19: hace años que no tenía 8, 9 puntos en esa franja. Lo pude timonear bien y la gente compró Malparida, tenía ganas de seguir con el culebrón.

—¿Cuándo se te ocurrió Juana Viale para “Malparida”?
—De arranque. La vi en Mujeres asesinas, que estuvo muy bien, muy bien. La defiendo como actriz, la banco a morir, como profesional, como actriz. Llega temprano a Pol-ka la gente la quiere, sabe la letra, es profesional, trabaja. Espero que dure la tira al menos hasta enero.

—¿No es algo atípico que la heroína sea una asesina?
—Es un fenómeno raro lo que pasa con Malparida. La gente lo ve y no la juzga a Juana; compra la historia de amor. Mucha gente debe querer que termine muerta... Así dicen en los foros. O presa... y algo de eso va a pasar. Es que su personaje no tiene justificativo ético, aunque es una licencia que te da la novela.

—¿Tendrías en cuenta a Florencia Peña para alguna ficción?
—Me encanta Flor. Empezó acá. Es una actriz que me gusta mucho en comedia.

—¿Qué tenés pensado para el 2011?
—Los unitarios Guapos, con Oscar Martinez, Guillermo Francella y yo, y Guapas, con Carla Peterson, Julieta Díaz, Valeria Bertucelli, más algunas sorpresas. La tengo a Natalia Oreiro para el prime time, estamos definiendo qué. Y a las 19 otra novela, pero todavía no tengo elenco.

—¿Viste que Araceli está cerca de Telefe?
—Me encanta. Yo la llamé para trabajar; primero hablo con Carnevale y después volví a hablar. Se tomó su tiempo, no pudo, se ve que tiene otros proyectos, como una obra de teatro... En fin, no pudo.

—Y vos volvés al teatro con “La guerra de los roces”.
—Sí, con Carla Peterson, que es nuestra Kathleen Turner de la película.

—Adrián, ¿en cuánto influyó el hacer plata para que te conviertas en productor?
—Cuando generás este tipo de cosas, sobre todo si se lo preguntás a los emprendedores, saben que el móvil no es la plata sino la gloria. En mi caso, nunca fue ese el móvil; sí el prestigio, la gloria, llegar a lo más alto, dejar una marca. Después vino el dinero.

—¿Cómo sos con el dinero?
—Normal. No tengo grandes vicios, pero la disfruto. Yo lo único que pido es salud. Es lo que más me importa.

—¿Y a Tomás cómo lo educás en ese sentido?
—Es chiquito, va a cumplir doce años. Es normal, cuidadoso, me dice: “Papá, gastá hasta acá”. No tiene el berretín de chico rico, para nada. Y eso me enorgullece porque tampoco anda con caprichos de “papá comprame”. Tiene conciencia, se autolimita.

—Volviendo a la tele, ¿ganás agosto?
—Vamos a ver. Hay que pelear. En televisión hay que hablar menos y hacer más. Trabajar.

—Cuando Telefe ponga “Caín y Abel”, ¿pensás que va a afectar a “ShowMatch”?
—No, no creo. Marcelo tiene un año extraordinario y lo va a seguir teniendo hasta el final. No sé si con 30 puntos, no le pidamos tanto tampoco.

—Para terminar, ¿qué pensás de cómo va a funcionar “Igualita a mí”? ¿Igual a “Un novio para mi mujer”?
—Lo de Un novio para mi mujer fue una bendición. Es tanto lo que me dio esa película que con menos estoy hecho. Creo que la película va a gustar. A Griselda le gustó mucho y yo valoro su opinión. Es una persona inteligente, de buena mirada, de buen gusto. Así que confío en que la gente la va a disfrutar.

—Ultima: tu personaje, Fredy, tiene que optar entre hacer un negocio inmobiliario de tres millones de dólares o dejar a un naranjo en paz y tranquilo. Suar, en la opción, ¿qué decisión toma?
—Los tres palos y al naranjo lo pongo en otro lado.

—Es una respuesta decente.
—Pero le busco un buen lugar al naranjo. Va a estar bárbaro.

“No me tiño las canas”

Fredy tiene 42 años, se tiñe el pelo, vive la noche en una eterna adolescencia despreocupada hasta que en un boliche se cruza con Aylin, a quien intenta seducir, pero el ADN de por medio, más la historia olvidada vuelta al presente, lo obligan a saber y aceptar que es su hija. Este es el corazón de Igualita a mí, la película que marca el regreso de Adrián Suar al cine después del exitazo que fue Un novio para mi mujer, dirigida por Diego Kaplan y con Florencia Bertotti y Claudia Fontán en los protagónicos.

—Estás muy bien en la película, que parece a tu medida, ¿es así?
—Obviamente que es una película que la pensé para mí por las características del personaje, sabiendo que en el terreno de la comedia iba a navegar bien. Creo que en estos últimos cinco años mejoré, me asenté mucho más en mi rol de actor y comediante... pero Fredy está muy lejos de Adrián Suar persona.

—¿Y en quién te inspiraste para ese personaje?
—Lo saqué de los jueves de Gardiner, de la noche; los conozco, me río con ellos, muchos son amigos y siempre pensé “algún día voy a hacer al hombre de la noche, patético, que a los 42, 43 años está para retirarse”. Es una reflexión que no baja línea, que no juzga, que dice que en algún momento hay que avisarles “aflojá, ya estás grande para eso”. El varón se va a sentir identificado y la mujer queda bien porque está reivindicada.

—Tu personaje se cuida, se tiñe, pelea contra el tiempo... En la vida real, ¿te preocupan los años, extrañás algo de los 20?
—Primero, no me tiño. (Muestra las canas) Soy rubio y por eso disimula, y de los 20 no extraño nada. Estoy muy feliz con los últimos cinco o seis años de mi vida. Me quedaría entre los 35 y los 40.

Por: Marita Otero
Fuente: Diario Perfil
Más información: www.perfil.com.ar
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CRÍTICA

Aunque se parezca en el afiche, donde se toma la cara, al Macaulay Culkin de Mi pobre angelito , Freddy no tiene nada de pobre y menos de angelito. Freddy vive al día, es un playboy sin ataduras que pasa el día haciendo negocios -o negociados- o en la peluquería -es un metrosexual-, y la noche bailando en una disco, seduciendo chicas jóvenes.

Hasta que intenta “levantar” a una chica, pero Aylin, a la que Florebncia Bertotti le aporta su cuota de gracia, resulta ser la hija que nunca supo que tenía. La sorpresa es doble: Aylin está embarazada, así que de pronto descubre que es padre y que será abuelo.

Con el correr de los años, y de las películas, Adrián Suar se ha afianzado en la combinación de la comedia de situaciones y el cine de raigambre popular. Los buenos guiones, como el de Un novio para mi mujer y el de su estreno de hoy, Igualita a mí , le permiten expresar su andamiaje interpretativo volcado al género, pero –y la diferencia es vital- no sólo a su servicio. Suar ya no es el mismo de los tics de Comodines , aunque algunas escenas de Igualita a mí parecieran escritas para él. Detrás de El Tenso ( Un novio… ) y de Freddy hay un personaje o, mejor aún, una persona distinta. Otros actores nacionales se reiteran a sí mismos, no importa el papel que deban jugar en la trama. Los ejemplos abundan.

Es que Freddy no es aquel mismo que conoce a Aylin al final de la proyección. Pese a la previsibilidad de la historia, lo que la hace entretenida son los enredos, las líneas de diálogo, las resoluciones de las situaciones y, claro, las propias actuaciones de los protagonistas: todo para ser un éxito. El guión de Juan Vera -involucrado en la producción en cinco de las seis películas que Suar tiene como protagoniosta- posee el timing, el humor y el sentimentalismo justos.

Como toda buena comedia, los intérpretes principales tienen un fuerte soporte en los papeles llamados secundarios (con Claudia Fontán a la cabeza). Y los rubros técnicos son de una calidad propia de una superproducción.

Un párrafo aparte merece el ecléctico Diego Kaplan, que de joven soñaba con ser Spielberg, y luego de dirigir a Carlos Calvo en la miniserie Drácula debutó en cine con la mucho más críptica Sabés nadar? y ahora, esta comedia. Lo que se dice un todoterreno.

Por Pablo O. Scholz
Fuente: diario "Clarín"
Más información: www.clarin.com

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