4 de septiembre de 2010

FESTIVAL LATINOAMERICANO DE VIDEO DE ROSARIO

A partir del 10 de septiembre tendrá lugar la 15º edición del tradicional festival de video.

Los siguientes videos son algunos de los que participarán en la Competencia de Escuelas vinculadas con la Educación y/o Realización Audiovisual.

Chico busca chica - Ficción – 4’ 23’’ – Rosario –Argentina
Directores: Assumpta Serna, Scott Cleverdon
Productor: Fundación First Team
Una profesional de una agencia matrimonial no encuentra consejo para un chico virgen que busca una chica para estar seguro de su inclinación sexual.
Fundación Cinematográfica First Team

El negrito vive - Ficción – 17’ – Buenos Aires – Argentina
Director: Ignacio Renzi
Productora: Sabrina Mariño
Floreal “el negrito” Avellaneda es secuestrado con apenas 15 años, en abril de 1976. Comenzaba una nueva dictadura militar. A quien realmente buscaban era a su padre.
Carrera de Diseño de Imagen y Sonido (UBA)

La función debe continuar - Documental – 9’ 57’’ – Buenos Aires – Argentina
Directora: Julieta Zubiri
Productora: Carolina Castilla
Algo que no ves siempre está presente. Un ser muy especial que sólo aparece cuando lo desea y hace y deshace a su manera. El documental está basado en los fenómenos paranormales que ocurren desde 1985 en el Teatro Maipo de Buenos Aires.

La llama de dos pasiones - Documental – 5’ 19’’ –Rosario – Argentina
Directora: Ayelén Ferreira
Productora: Mónica Patricia Caso
Sebastián González tiene dos pasiones: ser scout y bombero voluntario. Ambas unidas y enfrentadas por el fuego. Por un lado enseña a prenderlo y por el otro arriesga su vida al combatirlo. Solidaridad y fuego, una combinación interesante en un joven con vocación de servicio: ayudar al otro sin esperar nada a cambio.
Universidad Abierta Interamericana

Nómia completa en http://flvr.com.ar/videos-seleccionados-para-competencia-de-escuelas/

Toda la información del festival en www.centroaudiovisual.gov.ar

COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN

COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN SE CRUZAN DE MANERA INEVITABLE EN LA COTIDIANIDAD DE LAS PERSONAS, EN PARTICULAR DE LOS NIÑOS Y JÓVENES. NI BUENOS NI MALOS: DISTINTOS

DISTINTOS

En estos tiempos no podemos seguir pensando que la educación formal y los medios de comunicación van por carriles separados, o que ocasionalmente se unen para abordar temas coyunturales como simples facilitadores o disparadores hacia algún contenido curricular.

En este sentido, la política educativa del país y las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) nos están poniendo ante un desafío profundo: pensar en cómo se involucra el advenimiento inminente de la televisión digital con el tratamiento de la reforma de la escuela secundaria. No se puede negar que ambas cuestiones tienen una estrecha relación.

La digitalización televisiva viene a completar un proceso que debemos comprender, porque al “incorporarlas”, es decir, al hacerlas parte de nuestro cuerpo, nos modifica.

Es evidente que los sujetos de aprendizaje, especialmente en los ambientes urbanos, han mutado en su subjetividad: son formados (¿formateados?) en hábitos de consumo y del espectáculo, lo que nos obliga a plantearnos si verdaderamente tenemos alumnos, es decir, personas que “desean alimentarse para crecer”. ¿No será que en el aula nos encontramos con “consumidores-espectadores” que esperan que la clase se convierta en un shopping o en una pantalla de TV?

¿Qué sentido tiene para ellos que un maestro se convierta en “un libro abierto” si no esperan encontrar el saber en los libros? Si más bien esperan encontrarlo “googleando” por Internet...

El niño-adolescente consumidor-espectador de hoy no es en principio un alumno y, tal vez, nuestra primera tarea sea brindarle esa posibilidad: convertirlo en alumno.

Esto significaría preguntarnos si no estamos asistiendo a una ruptura de la relación docente-alumno. Nuestros niños y jóvenes hablan y leen el lenguaje de asociación de imágenes, iconográfico-afectivo, mientras que son analfabetos en el abstracto-racional, el que nosotros dominamos para estructurar el saber. Si nosotros somos analfabetos de su lenguaje y ellos del nuestro, es porque nos hemos distanciado.

Esto significa que debemos desechar una actitud de culpabilidades: no se trata de que el docente esté desactualizado ni de que el alumno sea incorregible. Ambos somos víctimas de una transformación que nos excede.

Comprender los cambios subjetivos y comunicacionales de la era digital, especialmente los del lenguaje visual, debe ser nuestra tarea.

En este marco, poner en discusión la escuela secundaria es una buena oportunidad para replanearnos la formación docente y la currícula escolar.

Nosotros estamos convencidos de que, hasta ahora, esta modernidad esclaviza desde la estandarización consumista y la pasividad virtual. Pero podemos oponernos: a la estandarización, mediante la diversidad; al consumismo, con una actitud crítica; y a la mirada pasiva de la realidad, a través de la recuperación del protagonismo.

Mientras se discuten los cambios necesarios, a veces urgentes, en la enseñanza media, los nuevos medios de comunicación siguen avanzando, marcando el ritmo de la época y formando (¿formateando?) a nuestros educandos. El Seminario Internacional “La Mirada Crítica. La TV Digital, contenidos y públicos” que tendrá lugar en el Auditorio de Sadop (Tte. Gral. Perón 2625) los días 3 y 4 de septiembre será escenario para estas discusiones profundas.

Por Horacio Ghilini
Fuente: diario "Página/12"
Más información: www.pagina12.com.ar

LA JUVENTUD NO ESTÁ PERDIDA

ROCÍO BALLÓN SALE AL PASO DE LOS RECIENTES CONFLICTOS ESTUDIANTILES EN BUENOS AIRES Y SU REPERCUSIÓN MEDIÁTICA, PARA PEDIR RESPETO POR LOS DERECHOS DE LOS JÓVENES.

La cobertura mediática de los hechos concernientes a la toma de más de veinte colegios de Capital Federal habilita una reflexión en torno del accionar de los medios de comunicación hegemónicos como vehiculizadores de intereses ideológicos y políticos asociados a la educación.

Durante toda la semana los noticieros televisivos de los medios privados mostraron en su mayoría y de manera sostenida a los jóvenes protagonistas de los reclamos como autoritarios y egoístas, responsables del impedimento y violación del derecho a la educación.

Se reforzó así el estereotipo cultural de los adolescentes como grupo social asociado a cierta rebeldía e irracionalidad. En algunos casos se acusó a los manifestantes de emborracharse durante la toma y celebrar fiestas por las noches, cuestión que como víctimas de la injusta y perversa lógica de vertiginosidad mediática hizo que algunos estudiantes debieran salir a desmentir.


En la mayoría de los casos fueron priorizadas las entrevistas a padres ofendidos por la medida, en omisión a un número significativo de padres y miembros de la comunidad educativa en general que comprende o apoya el reclamo por mejoras edilicias, becas, viandas y boleto estudiantil a cinco centavos para sus hijos e hijas.

La cobertura predominante de periodistas, movileros e informes televisivos fue tendenciosa. El énfasis no estuvo puesto en el reclamo ni en las condiciones edilicias de los colegios porteños. Todo el tiempo se desvió la atención de la responsabilidad del gobierno porteño o del Estado como garante del derecho a la educación.

Como si esto fuera poco, asistimos una vez más a la criminalización de la protesta social a través de la realización de imputaciones penales a los jóvenes. El jefe de Gabinete de Macri, Horacio Rodríguez Larreta, anunció en Radio 10 la inutilidad de los Consejos de Convivencia, reivindicando la metodología de la sanción dura, correspondiente a ciertas pedagogías que quienes trabajamos desde hace años en educación sabemos que no logran resultados satisfactorios, no forman en democracia y ensalzan el ejercicio de las más repudiables prácticas autoritarias.

Como Nicolás Casullo escribió en Página/12 una vez a propósito del conflicto rural, todo esto fue al servicio de sostener la “alentada derechización ideológica con que se baña cotidianamente nuestra sociedad mirando la pantalla”. Pero es importante aclarar que si bien toda esta construcción de la realidad que realizan los medios de comunicación influye fuertemente en la opinión de las personas (ésta es uno de sus fines últimos), cabe recordar que las audiencias y televidentes no son pasivos y tienen capacidad crítica para resignificar los mensajes.

En el caso particular de los jóvenes, suelo escuchar de mis estudiantes maravillosos análisis sobre las formas discriminatorias en que los medios los representan. “Eso que dicen de nosotros, eso de que porque paramos en la esquina somos chorros, eso no es verdad. Ese no soy yo”, me dijo una vez uno de mis alumnos de Barrio Agüero, Avellaneda.


En síntesis, aparece una vez más como necesaria una educación en medios que, como afirma Roberto Aparici, pretenda que los sujetos tengan cierto control sobre el uso que hacen de los medios de comunicación. Es decir, que si se les ofrecen pautas de análisis adecuadas y una propuesta pedagógica comunicativa y reflexiva, critica y lúdica, tendrán instrumentos para tomar decisiones autónomas sobre los mensajes que reciben de los diferentes medios.

Se trata de buscar una educación que promueva el diálogo y que luche contra lo que Paulo Freire llamó el antidiálogo, que es lo que algunos medios hegemónicos proponen. Una educación que respete a los jóvenes y que les enseñe a hacer valer sus derechos, que son también los nuestros.

Por Rocío Ballón
Fuente: diario "Página 12"
Más información: www.pagina12.com.ar

CINE. `EL HOMBRE DE AL LADO´

DE MARIANO COHN Y GASTÓN DUPRAT. UNA VENTANA DEMASIADO INDISCRETA /ENTREVISTA A SUS DIRECTORES: ES UNA PELÍCULA INCÓMODA. SI TE REÍS, ES POR INCOMODIDAD.

LA DUPLA DE "EL ARTISTA" PROPONE UNA COMEDIA NEGRA AMBIENTADA EN LA ÚNICA CASA QUE LE CORBUSIER CONSTRUYÓ EN AMÉRICA Y EN LA QUE LOS PERSONAJES QUE COMPONEN RAFAEL SPREGELBURD Y DANIEL ARÁOZ DISPUTAN UN ESPACIO DE PODER TAN CONCRETO COMO SIMBÓLICO.


EL FILM PLANTEA UN CONFLICTO, EN PRINCIPIO TRIVIAL, ENTRE DOS VECINOS MUY DIFERENTES ENTRE SÍ. “LA PELÍCULA DESENMASCARA LA DOBLE MORAL BURGUESA DEL QUE LA VE”, SEÑALAN.

Vecindad e intimidad son dos aspectos que fácilmente pueden ser relacionados con Lo siniestro, texto en el que Sigmund Freud definía su objeto de análisis como aquello que desde el seno de lo familiar (lo cotidiano) se vuelve extraño, o la intrusión de lo extraño en lo familiar.

Esa fórmula ha dado a lo largo de la historia del cine algunas obras maestras del suspenso, que justamente tienen como eje principal de su narración este aspecto de lo siniestro. No es otra cosa lo que hace de La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954) o de El inquilino (Román Polanski, 1976), dos films únicos. Con muchos elementos en común, pero con una más que interesante marca personal, El hombre de al lado, segunda película de ficción del tándem creativo Mariano Cohn/Gastón Duprat, vuelve a insistir sobre la combinación con un resultado digno de ser mencionado junto a tan ilustres antecedentes.

Si con El artista (2008) la dupla había dado muestras de talento, oficio cinematográfico y buen gusto, con El hombre de al lado confirman todo eso y suben la apuesta. Haciendo gala de una capacidad y una potencia simbólicas infrecuentes, ya desde la tan simple como notable secuencia de los títulos iniciales –en donde la pantalla dividida en mitades, una blanca y otra gris, presenta los dos lados de una misma pared que comienza a ser demolida a mazazos–, los directores dejan en claro varias de las líneas que se entrecruzarán en su narración: la dualidad, la penetración, la decadencia.

Leonardo es un hombre de clase media burguesa dedicado al diseño, exitoso y brillante en su trabajo. Junto a su mujer y su hija vive en la ciudad de La Plata, en la única casa que el famoso arquitecto suizo Le Corbusier diseñó y construyó en toda América, un hecho para nada menor dentro del relato y del universo plástico de la película.

Una mañana Leonardo se despierta por una serie de ruidos insistentes que al principio no consigue identificar. Se trata de un grupo de albañiles que acaban de abrir un boquete en una medianera vecina para instalar una ventana, cuya vista caerá de lleno dentro de su propia casa. Sorprendido e indignado, Leonardo ordena a los obreros que se detengan y que le informen al dueño de la propiedad lindera que no puede instalar una ventana ahí, violando su privacidad.

El desgano con que los albañiles aceptan la orden resulta un preanuncio de lo que vendrá: lo próximo que sabrá Leonardo al respecto será a través de nuevos ruidos de obra.

Desde su ventana, Leonardo conocerá a Víctor, el hombre de al lado, que asomado al boquete, intimidante con la voz arenosa y su físico robusto, impondrá los ritmos de la relación que ambos tendrán partir de allí. “Sólo quiero capturar unos rayitos de ese sol que a vos te sobra, Leonardo”, le dice Víctor al afortunado habitante de esa casa con piel de vidrio. El hombre de al lado también pone en juego la relación de clases: Leonardo no podrá sino sentirse intimidado por la intrusión de aquello Otro que llega desde afuera a intentar penetrar su mundo, a quitarle el espacio que, según él cree, le pertenece legítimamente. Primero de forma física y evidente, desde ese gran ojo abierto en la pared que mira dentro de su casa; luego desde lo personal: Víctor irá forzando una relación de intimidad que Leonardo quiere inútilmente rechazar.

Lo otro irá ganando la curiosidad de Leonardo, su deseo; una admiración velada de rechazo. Como en las películas de Hitchcock y Polanski, la mirada de Leonardo, su propia subjetividad, irán construyendo a Víctor hasta convertirlo en obsesión. Ese hombre expuesto a la mirada de cientos de personas desconocidas que se acercan a ver la casa de vidrio de Le Corbusier rechaza e intenta someter y extirpar la mirada abandonada de ese vecino que busca robarle “unos rayitos de sol” y amenaza con mostrarlo tal como es.

Otro de los grandes méritos de El hombre de al lado es la elección de la pareja protagónica. Rafael Spregelburd consigue hilar un Leonardo de trama muy fina, en donde el hombre capaz de maltratar desconocidos y de humillar a sus alumnos es también el mismo que no consigue el respeto de su hija y da muestras de ser un ser humano miserable; el mismo que poco a poco se irá quebrando en la relación de amor/odio (admiración/envidia) que lo une a Víctor

Por su parte, Daniel Aráoz produce un Víctor magistral, capaz de intimidar en una escena, de causar ternura en la siguiente, de arrancar la carcajada franca cuando el relato lo necesita y, sobre todo, de que todo eso dé por resultado un personaje sólido y no una mera superposición de momentos.

Un párrafo especial merece el guionista Andrés Duprat, autor de las dos ficciones de su hermano Gastón y su compinche Mariano, quien construye la historia de manera precisa, sin necesidad de recursos truculentos ni grandilocuencia. El resultado final es una comedia negra, que comienza con una ventana indiscreta y termina dándoles la razón a quienes no confían en sus vecinos. Pero, ¿en cuál de ellos?

Por Juan Pablo Cinelli
Fuente: diario "Página/12"
Más información: www.pagina12.com.ar
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ENTREVISTA

No hay duda de que cualquier persona ha tenido, en determinado momento, problemas y discusiones con sus vecinos, ya sea por la música fuerte de quien vive tras la medianera, porque los ruidos de los arreglos no dejan dormir la siesta o porque entra y sale gente todo el tiempo.

Andrés Duprat capitalizó esa experiencia propia en la escritura del guión de El hombre de al lado. Es el tercer largometraje de los cineastas Gastón Duprat (hermano de Andrés) y Mariano Cohn, quienes se dieron a conocer en el mundo audiovisual con el ciclo Televisión abierta, y luego en el cine con el documental Yo Presidente y la ficción El artista.

Una de las novedades que trae la dupla radica en la convocatoria a actores profesionales para los protagónicos del film que se estrena el jueves próximo en la cartelera porteña: Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz.

Ambos provienen de ámbitos distintos: mientras el primero tiene una destacada trayectoria en el teatro, el segundo es más conocido como comediante de programas televisivos. Y otra de las novedades es que Aráoz demuestra un potencial dramático en El hombre de al lado que seguramente le terminará abriendo más de una puerta en un futuro cercano.

Esta nueva ficción focaliza en un conflicto entre vecinos: Leonardo (Spregelburd) es un joven de clase acomodada, diseñador industrial con un prestigio ganado en el medio donde se mueve, y un respetado profesor académico que decidió vivir junto a su mujer Ana y su hija Lola en la Casa Curutchet en La Plata, la única que diseñó el gran arquitecto suizo-francés Le Corbusier en América. Del otro lado de la medianera llega a vivir Víctor (Aráoz), un vendedor de autos que no tiene los pergaminos de Leonardo y que un día decide construir una ventana justo enfrente de la que tiene la habitación del matrimonio.

Indignado por la decisión, Leonardo comienza a explicarle a Víctor que su deseo no podrá consumarse porque estaría violando su derecho a la privacidad. Pero Víctor elabora una estrategia de seducción tendiente a lograr que la pareja cambie de idea.

Allí entrarán en disputa dos formas de vivir y de pensar: la situación irá subiendo de tono y hará tambalear a Leonardo, que tratará de mostrar seguridad a pesar de no lograrlo, mientras que Víctor buscará poner paños fríos, aunque por momentos se verá como desafiante. Ese vaivén en la actitud de los personajes genera un juego en sí mismo para el espectador: cuesta tomar partido por uno de los protagonistas, ya que la elección va variando a la hora de sentirse identificado. Con un humor sutil, El hombre de al lado es, sin embargo, un drama con toques de comedia oscura.

“En principio, es un problema minúsculo y mundano entre vecinos pero tiene aristas que se disparan para todos los lugares y lo convierten en un problema general y social”, destaca Gastón Duprat en la entrevista con Página/12. “Nosotros también cargamos con muchas mudanzas a lo largo del tiempo y entonces también era muy sencillo inyectarle ideas. Todo el mundo tuvo experiencias propias con los vecinos”, agrega su coequiper Cohn.

El hombre de al lado se presenta en Buenos Aires tras un periplo por diversos festivales. Obtuvo el Premio a la Mejor Película Argentina en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2009 (Ex Aequo con TL-2: La felicidad es una leyenda urbana, de Tetsuo Lumière). Gracias a ese galardón, la dupla pudo ampliarla a 35 mm y presentarla en el Festival de Sundance 2010 –la Meca del cine independiente–, donde obtuvieron el premio a la Mejor Fotografía y algo más: pudieron posicionarla a nivel internacional. “Tiene estreno asegurado en Estados Unidos y la compró HBO. También se va a estrenar en Francia, España, Portugal. Y tenemos garantizado el estreno mundial en Sundance de la próxima película que vamos a hacer”, cuenta Cohn. “En Sundance, El hombre de al lado tuvo muy buena repercusión y todas las salas estuvieron siempre llenas. Los problemas con los vecinos se repiten en Argentina o en Estados Unidos: es universal”, agrega Cohn.

–John Nein, el programador del Festival de Sundance, dijo que El hombre de al lado “es un film intenso e incómodo que, con su humor caústico, desenmascara la doble moral burguesa”. ¿Coinciden con este análisis?

Gastón Duprat: –En las pocas proyecciones que tuvo la película en Estados Unidos generó mucho debate. Se podría decir que también desenmascara la doble moral burguesa del que la ve.

Mariano Cohn: –Te hace tomar partido.

–Es difícil tomar partido por un personaje o el otro porque la sensación es que, a lo largo de la película, la identificación va variando.

G. D.: –Esa fue una idea que se construyó en el guión: esa cosa sinuosa de empatía con el espectador que va pasando por un personaje, luego por el otro... y así. No es que te hacés amigo de uno. La idea no fue hacer una cosa maniquea y simple, sino compleja como la realidad.

M. C.: –Que tengas que tomar posición ideológica mientras la ves.

–¿Una discusión, en apariencia pequeña, termina desenmascarando ideologías?

G. D.: –Sí, y problemas más generales y sociales como el miedo a lo distinto, las cuestiones de clase, las diferencias culturales. Por cómo están diseñadas las ciudades modernas, uno vive a un metro y medio con un absoluto desconocido y finge que no lo conoce, que no existe y, sin embargo, está conviviendo. Muchos problemas aparecen simbolizados.

–¿La idea fue generar un tipo de humor que resulte incómodo en el espectador?

M. C.: –Sí, pero más sutil, no un humor subrayado.

G. D.: –No es que dijimos: “Vamos a hacer una escena humorística”, sino que resulta humorística después por una cantidad de tensiones que hay dentro de la escena. Toda la gente que la ha visto coincidió en que es una película incómoda: si te reís, también lo hacés un poco por incomodidad. Es una risa para adentro.

–¿Por qué la película busca establecer una mirada sobre el miedo a lo diferente?

G. D.: –Porque Leonardo vive en esa casa hiperdiseñada, muy bella, plásticamente equilibrada y un vecino abre un boquete porque necesita un poquito de luz y ahí se enteran los dos de que existe el otro. Son diferentes códigos, diferentes culturas, diferentes gustos y maneras de pensar, de comer, de vivir.

Además, ambos toman conciencia de la existencia de ellos mismos ante la mirada del otro. Y empiezan los problemas. La película es como una bola de nieve: empieza un conflicto chiquitito y cada vez es más grande, más grande y más grande, con un final inesperado. Eso fue premeditado desde el diseño de la película: algo chiquito que se va poniendo más engorroso, más incómodo.

–¿A su vez el film propone que el espectador se cuestione por qué el otro suele presentársele como una amenaza?

G. D.: –Bueno, en general, todos tenemos miedo a lo que es distinto, a lo que no conocemos. Justamente por eso elegimos que el que le abra la ventana al personaje de Spregelburd fuera una persona distinta y no otro diseñador industrial. Si no, no hubiese habido problema y, con un poco de comprensión, se hubiera solucionado.

También nos interesaba buscar un conflicto en el que la justicia, la policía y toda la cosa de control no pudieran hacer demasiado. Es la instancia de un problema donde uno se la tiene que aguantar con su vecino, cara a cara, y resolverlo de manera humana, gestual. No es que puede poner un intermediario como un abogado: todas esas cosas no sirven.

–La historia presenta dos personalidades muy diferentes: si bien Leonardo busca mostrar carácter frente a Víctor, termina resultando inseguro. En cambio, Víctor, a pesar de su seducción amistosa, demuestra temperamento.

G. D.: –Queríamos plantear dos personajes antagónicos pero con muchos matices.

M. C.: –Y por momentos, cada uno de ellos resulta indescifrable. No es que corresponden a un estereotipo.

G. D.: –Nos parecía que el hecho de poner dos personajes antagónicos profundizaba más esa cosa del miedo a lo distinto, a lo que uno no conoce, a lo culturalmente opuesto. Uno siempre se rodea de gente afín. Están elegidos esos personajes para potenciar esa diferencia.

–¿Por qué si Leonardo tiene un prestigio ganado en su profesión no logra hacerse respetar en su vida? Y no sólo por el vecino que lo apabulla sino también por su mujer que lo domina y su hija que no lo quiere.

G. D.: –Vivir en esa casa, ser exitoso en la profesión, ganar dinero, ser un prestigioso profesor académico, todo eso va en contra de cualquiera.

M. C.: –Ya creerte ese personaje te anula para un montón de cosas más normales y diarias.

G. D.: –Al tener todo calculado, armado y diseñado, mostramos en la película cómo eso atenta contra lo humano.

–¿Cómo surgió la idea de la convocatoria a Rafael Spregelburd y a Daniel Aráoz para que trabajaran juntos, teniendo en cuenta que vienen de ámbitos diferentes?

M. C.: –Nos parecía que eso también era la parte interesante: convocar a un actor que viene de la televisión y a otro que viene del teatro. Ya ahí había un choque de por sí. También conocíamos el potencial que tenía Daniel: avasallante, carismático, con una voz y una máscara impresionantes. Y Gastón también había estado en contacto con Rafael, conocíamos su obra y nos interesaba ver qué pasaba. Y los juntamos por primera vez en un ensayo y ya ahí vimos que había chispazos naturales.

–¿Por qué decidieron que la vivienda de Leonardo y su familia fuera la única casa que construyó Le Corbusier en América? ¿Fue como una especie de juego porque el protagonista es diseñador industrial, o había otros motivos?

G. D.: –Primero, nos pareció ideal porque acrecienta el conflicto. No es lo mismo que te hagan un boquete en una casa común que en una obra maestra de la arquitectura mundial. Por otra parte, es una casa que está un poco soslayada. Cuando la mostramos en Estados Unidos se fascinaban.

M. C.: –Es una obra muy poco difundida. No saben que existe esa casa.

G. D.: –Y también queríamos tratarla como un personaje más y no como un mero decorado. Hay muchas escenas donde está la casa sola sin personajes. Además, la plasticidad, la luz y la calidad espacial que propone esa casa son infernales. Y eso está plasmado en la película.

Por Oscar Ranzani
Fuente: diario "Página 12"
Más información: www.pagina12.com.ar

LA HORA DE LOS FALSOS DOCUMENTALES

TELEVISIÓN. SE ESTRENÓ `MODERN FAMILY`. LA HORA DE LOS FALSOS DOCUMENTALES. SU ESTRENO POR EL CANAL FOX AFIRMA UNA TENDENCIA QUE ESTÁ A MITAD DE CAMINO ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN.

Los protagonistas miran a la cámara, cuentan qué sienten, cómo se ven y qué piensan de los otros. Después interactúan entre ellos y la cámara los espía desde lejos. Cualquier momento les parece bueno para interpelar al espectador. Con el reciente estreno de la serie Modern Family (martes a las 22 por Fox), último avatar de la tendencia fortalecida por The Office , el mockumentary o "falso documental" demuestra que también la comedia puede explotar los códigos de la no ficción. Y, además, que los nuevos lenguajes producen cambios que enriquecen las formas tradicionales.

Modern Family podría ser un reality sobre la familia contemporánea a partir de tres estudios. En uno, la familia tipo, con tres hijos; en otro, el matrimonio gay que adopta a una niña oriental, y, por último, el retrato del patriarca, en pareja con una explosiva colombiana mucho más joven y madre de un preadolescente. La serie muestra sus vidas, sus modos de acoplarse a las diferencias de los demás.

Se trata de la mayor apuesta de la cadena ABC, que en su primera temporada logró conquistar a la audiencia nocturna de Estados Unidos. Su estreno en las pantallas argentinas representa una gran oportunidad para ver uno de los mejores exponentes de la comedia en su versión 2.0.


Cierto cine y, en especial, el boom de YouTube contribuyeron a afianzar un subgénero que cruzó el falso documental con las convenciones clásicas del terror cinematográfico. El proyecto Blair Witch , Actividad paranormal y la más reciente -y poco recomendable- The Fourth Kind son las más representativas de esa ola. Por su parte, la televisión apostó por la comedia para explorar las posibilidades de este formato.

En tiempos de reality show , el mockumentary se apoya en la parodia y resulta especialmente útil para rejuvenecer el lenguaje televisivo. Modern Family , The Office (en sus versiones inglesa y estadounidense) y Arrested Development se encuentran entre las más logradas y sugestivas.


En 1984, el entonces novato Rob Reiner acuñó el término mockumentary al referirse a su This Is Spinal Tap , film donde mostraba lo que se suponía eran los últimos latidos de una banda de heavy metal . Sin embargo, Reiner no fue el primero.

Ya en 1957, el programa británico Panorama jugó con estos mismos elementos y, en un Día de los Inocentes, presentó "La cosecha de fideos". Aquel mockumentary primigenio mostraba que de los árboles crecía pasta que era cosechada por mujeres. La voz en off se encargaba de aportar la convención más respetada del tipo de documentales que se producían por entonces.


En el documental, y más aún en el mockumentary , la presencia de la cámara en mano y el testimonio directo de los personajes permiten un acercamiento al espectador; de algún modo se lo introduce en la historia y, así, se rompe el muro narrativo de las obras de ficción. Aún no se han hecho explícitas las razones de esa invasión consentida, pero ahí están estas comedias, con sus vidas abiertas a la mirada indiscreta.

Los testimonios en cámara ponen en evidencia a los personajes y explotan la hipocresía y el doble discurso de quienes se muestran autoindulgentes. Phil, esposo de Claire en Modern Family , resulta el ejemplo más claro. En una supuesta entrevista, se describe como alguien moderno, que pese a sus cuarenta y tantos sigue en sintonía con los hitos juveniles. Pero en la "realidad", muestra sus flaquezas. Queda expuesto, y es allí donde se potencia la comicidad de la situación.


Versión trash de la comedia Arrested Development (de lunes a viernes, a las 6 y a las 11, por I-Sat), Modern Family , que conocemos ahora en el cable local, usó los mismos recursos que aquel documental en sus tres temporadas de existencia. Arrested Development sigue la vida de los Bluth, con Michael (Jason Bateman) como el hijo centrado que quiere hacer las cosas bien y nunca logra conformar a su desagradecida familia.

Aquí no se rompe ese muro invisible entre actores y espectadores. Los personajes no hablan a cámara, pero el falso documental se hace presente a través de la voz en off narrativa y la edición, que recurre a imágenes de archivo (registros de cámaras de seguridad, fotos familiares, material periodístico), que funcionan como flashbacks .

La acción, al igual que en otras series, se muestra desde una cámara que acentúa su calidad de intrusa y es, de todas las estadounidenses, la más cercana al patetismo tan propio de la inglesa The Office . Su mejor momento será en 2012, cuando llegue al cine.

Pero, sin pensar en The Office, no se puede hablar de mockumentary . La creación de Ricky Gervais comenzó en Inglaterra en 2001. Con dos temporadas de seis capítulos y un especial de Navidad, fue pionera en esta nueva forma de comedia. Con crudeza, Gervais, autor, director y protagonista, exhibe las pequeñas miserias de la vida de oficina.

Hay un jefe, David Brent (Gervais), que no es nada divertido, pero que se cree muy chistoso. También desfilan el obsecuente, el piola y la recepcionista: toda la fauna oficinesca. La versión estadounidense va por su quinta temporada y le dio la oportunidad a Steve Carell de ponerse en la piel de Michael Scott, el capitán de esa oficina decadente llamada Dunder Mifflin.


En la versión yanqui de The Office , Jim se saca el micrófono para hablar con Pam, su compañera, de quien está enamorado. Sólo queda entonces la imagen en silencio. El gesto le pone un límite al espectador.

¿Cuál es la realidad? Cuando la realidad irrumpe en el mockumentary , ¿se convierte en falsa farsa? Hay más. En la versión inglesa, David Brent, el jefe, es despedido, pero antes de irse debe encontrar a su relevo. En una de las entrevistas, alguien le pregunta: "¿No es ésta la empresa que participa del reality en la tele?". La respuesta puede dar lugar a varias interpretaciones.


Pero estas series no son ejercicios de estilo. Cada una de ellas ilumina, con guiones muy cuidados, los cimientos sociales que dan vuelo a los personajes y sus historias.

Y ante esta tendencia, que gana adeptos incluso en la Argentina (con experiencias originales como Balnearios , de Mariano Llinás, e incluso Todos contra Juan ), surge una pregunta: ¿qué es lo que vuelve tan atractivo el mockumentary? Quizá la puesta en evidencia de la -supuesta- irrupción de la vida privada de los personajes, un gesto coherente en tiempos de Facebook y Twitter, donde los bordes entre intimidad y vida pública se difuminan hasta, quién sabe, desaparecer.


Por Natalia Gelós
Fuente: Revista ADN
Mñas información: www.adncultura.com

2 de septiembre de 2010

La terraza del iser


REGIMEN LEGAL 2010